¿¿PEERDOONAAAA??: ANUNCIANDO EL EMBARAZO A LA SUEGRA

¡Qué bonito es anunciar buenas noticias! Todo son sonrisas y felicitaciones a nuestro alrededor, abrazos, incluso lágrimas… ¿o no?

¿Os ha pasado alguna vez que habéis anunciado algo importante para vosotros y el ambiente de pronto se ha tornado enrarecido, frío, congelado, y la tensión podía cortarse con un cuchillo? Pues eso nos ha pasado al anunciar el segundo embarazo a mis suegros. Y a alguna persona más de la familia, no os vayáis a creer.

Vaya por delante que mis suegros se portan bastante bien con nosotros y, sobre todo, adoran a Pichí. Aún así su visión particular sobre la vida, en este caso, con el momento de tener hijos, coincide bastante poco, mejor dicho, nada de nada con la nuestra. Pichí tiene casi 27 meses, yo tengo 30 años y no veo futuro estable en mi profesión tras 7 años trabajando. Por suerte, Alma de Papi tiene un trabajo fijo en el que le van subiendo el sueldo poco a poco cada año y nos permite vivir, sin grandes lujos, pero vivir, salir a cenar de vez en cuando, ir de vacaciones etc. Vamos, nos podemos dar con un canto en los dientes porque la mitad de mi generación sigue viviendo con sus padres. Bueno, pues mis suegros piensan que no puede uno tener hijos hasta que no gane 3000 euros cosa que para esta generación me temo que no va a pasar.

Así que cuando nosotros, ilusos e ilusionados, juntamos a mis cuñados con mis suegros (mis cuñados ya lo sabían porque se lo habíamos dicho un día antes) un silencio de este que te aplasta cubrió toda la habitación. Dejaron de establecer contacto ocular y yo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca, qué mal rato. El momento fue cuando, Alma de Suegri rompió el silencio para decir: ¿PERO LO ESTABAIS BUSCANDO? ¿ES DESEADO?

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¿¿PEERDOONAAAA??

Dijimos que por supuesto. Aunque mi mente pensó : ¿Qué coño quieres que te responda a eso? ¿En serio te quedarías más tranquila si nos hubiésemos quedado embarazados sin querer, como si fuésemos adolescentes irresponsables?

Yo aluciné pepinillos, la verdad. Me frustra y me confunde no recibir ni si quiera un “felicidades” o un “¿y cómo lo estás llevando?”. Así es como reacciono yo cuando la gente me anuncia un embarazo, no sé, llamadme rara pero me parece lo normal. Y así estamos, preguntan poco, la verdad y nosotros hemos decidido no tocar el tema con ellos. A veces sus opiniones a mí me hacen bastante daño así que prefiero no saber lo que piensan.

Eso sí, ya he hablado con Alma de Papi que si hay un tercero no lo anunciaremos… dejaremos que lo vayan descubriendo según salga el barrigón jajaja. Ays, en fin… ¿cómo reaccionaron cuando anunciasteis vuestro embarazo? ¿Tuvisteis algún peerdoonaaaa como el nuestro?

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¿¿PEERDOONAAAA??: LOS NIÑOS SON EGOÍSTAS, MANIPULADORES Y CAPRICHOSOS

Hacía tiempo que no recurría a esta sección en la que plasmo los comentarios que recibo en mi día a día y que más ojiplática me dejan.

Me da rabia escribir éste porque viene de un momento en el que hemos puesto mucha ilusión y han conseguido que la perdamos en parte. Y es que sí, señoras y señores, esta frase con todos sus adjetivos me la dijo el profesor de matronatación en la primera clase. Manda narices. Tengo que escribir largo y tendido porque nos hemos llevado un chasco enorme ”gracias” a este tipejo que, como Pichí no paraba de llorar dentro de la piscina nos dio unas pautas de crianza (así, como el que da una receta) cuyo eje central fue esta frase.

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Qué rabia. Qué rabia me da que alguien que trabaja con niños vaya con estas ideas preconcebidas tan negativas sobre los niños. ¿Y si yo digo que todos los que trabajan en gimnasios son superficiales, vigoréxicos y narcisistas? ¿No es una generalización absurda y falsa? Pues eso.

Lo peor de todo es que yo sabía que esta creencia está en las calles, que cuando te dicen “este niño te tiene comiendo de la mano” o “hace contigo lo que quiere” y todas esas frases que oímos los padres con un deje de superioridad del que las dice, tiene esa teoría subyacente de que el niño te manipula para su propio beneficio.

A ver, como a todo hijo de vecino a los niños a veces les apetece más o menos hacer ciertas cosas. Por supuesto, tienen que entender que en esta vida, aunque no nos apetezca hay cosas que no son negociables y hay que hacerlas: trabajar o hacer algo con nuestra vida, mantener la casa más o menos limpia, dormir ciertas horas, ir al cole y cosas así. Como padres tenemos que enseñarles que todos tenemos obligaciones que no nos apetece mucho hacer pero hay maneras y maneras de enseñárselo. Si le pido que recoja y veo que la niña no lo hace tengo dos caminos: uno, pensar que es una egoísta que no quiere mover un dedo y entonces iré cabreada, le gritaré que lo recoja de una vez y como no reaccione quizá hasta la zarandeo del brazo. O, dos, pensar que es una niña que le apetecen más otras cosas y que está en proceso de aprendizaje y así me agacharé con ella, la animaré a recoger y le echaré una mano.

Digo yo, ¿no es más sano pensar de la segunda manera? ¿No se da cuenta la gente de los enfados que nos ahorramos así consiguiendo al final lo mismo que es que recojan?

Llega un punto en el que no sé si es que yo vivo en mis mundos de Yupi y por eso hay tantas  cosas que no me parecen ni medio normales. Me da qué pensar si la manera en la que yo quiero que traten a Pichí y mi manera de educarla no es más que una utopía que se va a ver más pisoteada a lo largo de nuestra crianza que el escenario de un tablao flamenco. Pero me niego. Me niego a que este señor trate de aleccionarme de una manera tan negativa sobre mi propia hija. Adoro a mi hija y, como todo padre haré lo imposible para que no sufra o al menos para allanarle el camino y darle estrategias para que ella afronte los problemas. Si llora porque no le apetece estar en el agua la solución no es pensar que me está manipulando para que la saque sino dejarla que se abrace a mí, darle confianza poquito a poco para que se suelte y entretenerla con juguetes.

Vosotros, ¿pensáis que vuestros hijos os manipulan alguna vez? ¿Os parecen utópicas mis ideas?

LA SALA DE ESPERA DE URGENCIAS OBSTÉTRICAS

Sola.

Son las 7:55 de la mañana de un miércoles cualquiera de septiembre. Espero sentada en un banco de metal de la sala de espera mientras mis ojos pasan rápidos de la pantalla de mi móvil (que miro por fingir que hago algo) a la mujer que tengo en frente. Sentada en otra fila de bancos espera con la mirada triste y los ojos hinchados de llorar. Igual que yo, sola.

Me entretengo como puedo, tratando de no pensar. De vez en cuando pasa algún médico que coge material de la consulta y que apenas nos dirige una mirada, no vaya a ser que se dé cuenta de nuestro dolor.

La mujer del banco de enfrente se derrumba, se echa sobre sí misma y con un pañuelo se limpia las lágrimas mientras respira porque quizá siente dolor. Yo la miro todo lo discreta que puedo ser y me pienso mil veces si ir a decirle algo o no. Cuando estoy a punto de levantarme entra un hombre y va hacia ella. Hablan en otro idioma así que solo puedo imaginar que le está dando información que ha ido recabando preguntando a la gente del hospital y luego se sienta con ella tranquilo mientras la consuela de vez en cuando.

Y ahí me siento más sola. Se supone, o eso me dijeron cuando estuve en esta misma sala embarazada de Pichí de 18 semanas que no pueden pasar hombres a la sala de espera. Quizá en dos años las cosas han cambiado, no me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo.

De pronto oigo al otro lado de las puertas la voz de una enfermera: ¡chicas, si queréis parimos! Y al instante el murmullo de las compañeras que se movilizan para ir a atender otro parto. Yo no puedo evitar sonreír recordando que la última vez que había estado en esa sala de espera fue el domingo a las 4:30 de la mañana del día que dí a luz a Pichí. Y me refugio en esos momentos de felicidad. Y pienso en todas las mujeres que tienen que pasar por un aborto y no tienen otros hijos en los que refugiarse. Y me duele.

Y entran a la sala dos parturientas una con su marido, su hija de 4 años y la abuela de la niña que la entretiene mientras el padre está pendiente de la madre que resopla sin parar. Y pienso en que yo, en ese momento, estoy perdiendo la oportunidad de ser esa misma mamá en mayo de 2017 y me vuelve a doler. La otra parturienta entra sonriente con su marido, su madre, su hermana y qué se yo… hasta 6 personas cuento.

Y allí estamos todos, la felicidad máxima de un niño que va a nacer y el dolor profundo de un hijo que nunca nacerá. Mujeres distintas y todas en la misma sala.

Niños, padres, abuelas, mujeres solas y acompañadas y yo perdida en mi dolor. El móvil de un futuro padre suena y se ríe mientras habla y yo no lo soporto más. Me levanto y camino, llevo más de una hora esperando, estoy perdiendo mi ilusión y el mundo sigue girando, la gente se ríe y yo no lo soporto. No aquí. No delante de mí. Hoy no, por favor.

Al rato el hombre decide colgar y permanece callado. Quizá me ha visto la cara. Yo respiro de nuevo algo más tranquila aunque parezco un león encerrado en una jaula y se me queda pequeña la diagonal de la sala para pasear.

El sonido de los latidos de un bebé en los monitores traspasa la puerta de la sala de espera. Se oye el llanto de un niño. Nace la vida y arrasa con todo a su paso. Y le da igual que tú sufras. Y retumba en mi cabeza. Me refugio en el recuerdo de los latidos de Pichí en el paritorio, de mi niña, de mi sueño hecho realidad mientras mi cuerpo echa de mi útero mi proyecto de volver a ser mamá. No quiero ni pensar en el sufrimiento de las mujeres y parejas que tengan que pasar por esto sin tener más hijos. Las palabras de miedo y dolor se quedan cortas para expresar lo que siente en una situación así.

Y de pronto alguien dice: Alma de mami… y yo camino con las lágrimas resbalando por las mejillas a que me digan que ya no voy a tener un hijo.

EMBARAZO / ABORTO BIOQUÍMICO: LA RAYITA TENUE DEL TEST DE EMBARAZO

Como sabéis, desde hace un tiempito tenemos ganas de aumentar la familia y en agosto nos pusimos a ello. La verdad es que, no sé por qué, me daba la sensación de que nos íbamos a quedar a la primera. Y así fue, fíjate tú, pero no acabó bien.

El lunes 5 de septiembre  tendría que haberme venido la regla así que esperé al miércoles 7 para hacerme un test de embarazo. Lo hice por la tarde porque con Pichí llevaba un par de días más de falta y salieron las dos rayitas super rápido así que imaginé que algo así pasaría. Puff, nada más lejos. Salió una rayita pero salió muy tenue así que decidimos esperar al sábado por la mañana y ya con la orina de por la mañana para dejar pasar los días y que subiese la hormona HCG y que además estuviese más reconcentradilla. Y el resultado fue igual. Muy tenue. Yo he sido muy poquito intuitiva con estas cosas, la verdad (estaba convencida de que Pichí sería un niño) pero ya me empecé a preocupar porque no me parecía normal. Así que pedimos cita para el médico, privado por supuesto, porque si hubiese tenido que esperar a la Seguridad Social nos hubiesen dado las uvas, seguramente literalmente.

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Test embarazo aborto bioquímico

El lunes 12 me hicieron una ecografía vaginal y la ginecóloga me digo que embarazada estaba, que el endometrio estaba gordito, que tenía buena pinta pero que era como si me hubiese quedado prácticamente antes de ayer. Que digo yo, si te estoy diciendo que según mi última regla debería estar de 5 semanas y ves un endometrio que parece de una semana de embarazo plantéate que la cosa no va, ¿no? Me mando análisis de sangre y para casa.

Y el martes por la noche empecé a manchar. Muy poquito. Y el miércoles a las 7 de la mañana ya era sangre roja. Y qué mal. Fuimos a urgencias y estuve una hora y cuarto esperando sola porque se supone que no podían pasar hombres (ya hablaré de esta sala porque una hora y cuarto me dio para pensar mucho). Alma de Papi en el coche con Pichí. Y ya cuando pasé a la sala y me tuve que desvestir para la ecografía vi que aquello ya sí era como una regla. Y a llorar. La ginecóloga que me atendió fue bastante dulce, me habló clarito y con suavidad, pronunció la palabra “aborto” super bajito y todo lo hizo con una mano sobre mi rodilla. Le doy las gracias porque ya es suficiente con que pasen estas cosas como para encima dar con profesionales complicados.

Así que nada… en el aborto bioquímico se produce fecundación pero apenas llega ni a implantarse ni hay saco gestacional ni nada de nada. De hecho muchas mujeres (o eso dice internet) piensan que es un retraso en la regla sin más. Yo he tenido 6 días de sangrado como una regla normal, con el mismo dolor así que físicamente bien. Se supone que en 28 días debería tener la regla otra vez y se puede ya volver a intentarlo. Como no hace falta hacer legrado ni nada no hace falta esperar para ponerse a buscar.

Las dos médicos me dijeron que un aborto en la vida de una mujer es lo más normal, cosa que yo ya sabía. Que ha sido mala suerte, que soy joven y que no tiene por qué volver a pasar. Pero vete tú a saber, eso no me lo puede asegurar nadie y un aborto vale, pero para dos ya mi mente no está preparada.

Mis sentimientos, ahí sí que hay miga que sacar. Ha sido agotador. La incertidumbre de si irá bien o no, el agobio de pensar que algo va mal, el ilusionarte otra vez cuando el médico dice que tiene buena pinta y el creer morir cuando ves que sangras, la impotencia de no poder hacer nada y la desesperación de estar hora y media sola en una sala de espera sabiendo que estás perdiendo la segunda ilusión más grande de tu vida. Cuando me confirmaron el aborto a parte de mucha tristeza sentí alivio porque al menos la incertidumbre se había acabado, porque yo sabía que algo iba mal y porque mi cuerpo ya había decidido echarlo fuera. Y eso que el aborto bioquímico es de los “fáciles”. No te ha dado tiempo ni a que te den la f.p.p. no ha habido saco gestacional así que no te ha dado tiempo a “encariñarte”. Pero la sensación de pérdida está ahí. Y se pasa muy mal.

Y ahora… la palabra es MIEDO. Miedo a que me vuelva a pasar. Sé que eso sólo se verá con tiempo así que lo único que puedo hacer es esperar.

¿Me contáis si habéis sido mamás después de tener un aborto? ¿Palabras de ánimo? Mil gracias a todas y espero ayudar a no sentirse tan sola a las que pasen por lo mismo.

UNA TORTA A TIEMPO

Así. Con todas sus letras. Te lo dice la vecina, el carnicero o una madre del parque. O un familiar, como me pasó hace unos días. Y lo dicen convencidos, con una media sonrisa, como si no estuviesen hablando de PEGAR.

Me lo intentaban argumentar: “es que si yo estoy avisando al niño (de 5 años) de que me va a dar con la puerta si sigue jugando con ella mientras yo estoy sentado cerca y NO LO QUIERE ENTENDER, entonces le das un cachete en la mano. Y fíjate, dejó de hacer el tonto con la puerta y además luego me buscaba para jugar”.

Yo le pregunté que y por qué no se quitó de en medio para evitar el conflicto y su respuesta fue “es que yo estaba antes, era mi posición”.

ERRORES. Errores mentales, ideas peligrosas es lo que tienen en la cabeza la gente que defiende usar la VIOLENCIA (porque sí, queridos, pegar es violencia) contra los niños.

Mi momento favorito es cuando tú, pobre defensora de los derechos de los niños (que para ellos vives en los mundos de Yupi Tralará) les dices que, entonces, si cuando su mujer “no le quiere entender” también la pega. Y ellos contestan: no es lo mismo.

No, claro, es peor. Porque pegando a un niño estás aprovechándote de un ser indefenso que tiene menos fuerza que tú y que sabes que no te va a responder. Eso se llama ABUSAR aquí y en la China mandarina.

Tú no tienes que “mantener tu posición” esto no es la guerra ni una manada de leones. Se supone que eres el adulto, el que tienes  herramientas diversas para afrontar las situaciones o los dilemas que te presente la vida. Además vas a ser un ejemplo para ese niño, no lo olvides. Así que haz un ejercicio de humildad, de humanidad y de respeto y piensa en lo que quieres enseñarle a ese niño. Porque lo copian todo, los que tratamos con niños cada día lo vemos y lo siento, adultos del mundo, pero en nosotros recae la RESPONSABILIDAD de la generación futura, de crear adultos justos y que respeten a los demás.

¿Qué prefieres? ¿Quedar como el macho alfa ante un niño pequeño y demostrarle quién manda en la jungla? ¿O prefieres ser paciente y cariñoso y negociar, o ceder o entretenerle con otra cosa? A veces es tan sencillo como preguntarse cómo nos gustaría que nos tratasen a nosotros.

Y el que diga que “agradece la torta que se le dio en un momento dado” miente. La torta, el cachete, el bofetón etc. duelen, crean sufrimiento y miedo, humillan y NO ENSEÑAN NADA. Bueno, enseñan a solucionar conflictos mediante violencia, pero no enseñan a negociar, a solucionar conflictos de una manera respetuosa o simplemente, la manera correcta de comportarse.

Porque si tienes a un niño que te está tocando las narices jugando con la puerta piensa que para él es un juego. Que aunque se lo digas 20 veces puede que esté tan enfrascado que no te escuche. Quizá es que “no te quiera escuchar”. Pero prueba a no limitarte a pagar tu frustración de adulto con un niño. Prueba mejor a levantarte del sitio (sí, lo sé, es un esfuerzo) ponte a su altura y dile seriamente “si sigues jugando así con la puerta me puedes hacer daño. ¿Quieres que juguemos a otra cosa, por ejemplo al fútbol un rato?”. Y a ver qué pasa. Seguramente os ahorraréis ambos un mal rato.

¿Qué opináis del tema? ¿Habéis oído la famosa frasecita?

CUANDO EL CUERPO TE PIDE TENER UN HIJO

Últimamente recuerdo mucho una conversación que tuve con una mamá de un niño con el que trabajé que me contaba que cuando su hija tenía dos años el cuerpo le pedía tener otro. Una vez que se quedó embarazada de nuevo y tuvo a su hijo pequeño dice que, de pronto, esa necesidad vital que había sentido desapareció y cuando veía un bebé ya no moría de amor sino que le parecía muy mono pero poco más.

Yo no lo describiría mejor: necesidad vital. De un tiempo a esta parte (desde los 15 o 16 meses de Pichí) me descubro a mí misma planificando, dándole vueltas a la cabeza, leyendo e interesándome de nuevo por cosas de recién nacidos y perdiendo mis pensamientos cuando veo a mujeres embarazadas con otro niño de la mano.

Siento esos nervios por la aventura nueva que esperamos poder emprender y a la vez me aterran millones de miedos: si las cosas en el trabajo de Alma de Papi saldrán bien (estamos en un momento de decisiones importantes, de cuando crisis es sinónimo de oportunidad pero el cambio da vértigo y no depende al 100×100 de uno mismo), si me quedaré embarazada a la primera, si me cuadrará con el trabajo para cobrar la baja, si no se nos juntará con el inicio del cole de Pichí, si todo irá bien, si Pichí no abandonará la lactancia al disminuir la producción de leche durante el embarazo, si tendré un parto tan bueno como el de Pichí, si los familiares se lo tomarán bien, si podré hacerme cargo de los dos a la vez, si Pichí sufrirá mucho…

Muchas veces pienso lo fácil que sería todo si pudiésemos mirar por un agujerito aunque fuesen sólo dos segundos de aquí a diez años, por ejemplo. Me relajaría mucho verme establecida y contenta con Alma de Papi, con nuestros tres niños (que es mi gran sueño) y saber que las cosas nos han salido bien. Aunque reconozco que algo de encanto le quitaría al asunto pero es que la incertidumbre y yo no nos llevamos muy bien.

Sé que estoy al inicio del camino y poquito a poco iremos dando pasitos. De momento estoy en ese punto en el que los embarazos de los demás te ponen los dientes largos, en el que con los recién nacidos se te cae la baba como nunca y en el que vuelvo a llorar como una magdalena con vídeos relacionados con bebés, partos y la maravillosa aventura de ser padres.

Y es que es superior a mis fuerzas. No sé si es el reloj biológico, las hormonas, el ciclo de la vida o yo qué sé pero si pienso en que no pudiese ser, siento un vacío en el pecho que me aprisiona el corazón y me deja sin aire.

Definitivamente, estoy en ese punto en el que tengo la necesidad vital de tener otro hijo.

¿Y vosotras? ¿Habéis pasado por ese momento de sentir que tener un hijo es realmente necesario para vuestra vida?

MIS EMOCIONES EN EL POSTPARTO

Últimamente recuerdo mucho mi embarazo, mi parto y mi postparto, váyase usted a saber por qué. El caso es que, además, con un par de primas a las que le queda un suspiro para dar a luz una a su primera hija y otro a su segundo hijo recuerdo mis días en el hospital y los primeros días en casita. Recuerdo ver las fotos de esta prima que ya tiene un niño, en las semanas posteriores al nacimiento de su primer bebé y creí morir… ¡la pobre! ¡Qué cara, qué ojeras! Por no hablar de lo nerviosa que estaba todo el día, lo desbordada que estaba y lo bien que le vino volver al trabajo a las 16 semanitas de parir (palabras textuales suyas).

Es cierto que mi prima y yo somos muy distintas, que yo siempre he tenido claro que quería ser madre y ella es de las de “tener hijos porque toca” de lo que ya hablaré otro día. Y es que el embarazo es difícil, parir es difícil, el post parto es difícil y la crianza es difícil y si encima es algo que haces simplemente porque es lo que se espera de ti, apaga y vámonos.

Pero bueno, a lo que voy. A mí el post parto me daba bastante miedo. Reconozco que a partir de la semana 15 dejé de ver vídeos de partos y traté de no pensar pero la sombra de una depresión postparto me planeaba mucho la cabeza porque yo soy de tendencia tristona. Y me daba mucho miedo pensar en lo que dicen muchas mujeres que lo pasan que tú estás triste y nadie te entiende porque se supone que tienes que estar feliz, el agobiarme y perder la paciencia con el bebé, que la gente me presionase…

Es cierto que cuando pasas de tener “algo en la barriga” a ver a tu bebé ahí llorando, encima de ti, con sus manos, sus pies, su cara… es raro. Y es que es un cambio muy brusco. Ale, ahí tienes una persona que depende de ti las 24 horas del día, de golpe, sin libros de instrucciones. La primera noche yo no tenía ni sueño y eso que llevaba desde las 4 de la mañana que rompí aguas en danza. Estaba activada, bastante tranquila y contenta porque el parto se había dado bastante bien. Yo pensaba “madre mía cuando me llegue el bajón”.

Y llegó, pero llegó raro. La primera tarde en casa estuvimos acompañados de familia pero al día siguiente, recuerdo tener cogida a la niña en brazos, poner musiquita de fondo y bailar con ella y llorar… llorar como un grifo abierto de felicidad. Y así estuve varios días. Me la quedaba mirando embobada en la cuna, mamando o en brazos y era incapaz de controlar las lágrimas y como una presión en el pecho pero de felicidad eso sí. Nunca pensé que me pasaría eso.

Momentos de agobio también hubo, por supuesto. Y eso que fuimos previsores y dejamos comida congelada y contamos con las cocinitas de AlmadeSuegri y de mi Madrina. Pero a mí fue el tema lavadora el que me sobrepasó. Qué gritos le pegué al pobre Alma de Papi el tercer día o así de estar en casa: ¡que mira cuánta ropa, que se sale del cubo, que no se va a secar porque es noviembre! En fin…

Otra de las cosas que me sorprendió fue la cantidad de veces que se me repetía en mi cabeza el parto. Me tumbaba en la cama por la noche y revivía en mi cabeza las escenas claves, algo tipo estrés post-traumático pero en plan bien porque las emociones eran muy positivas. Me imagino que será normal y ahora pienso en todas las mujeres que guardan un mal recuerdo de sus partos lo duro que tiene que ser que se te repitan imágenes y sentimientos desagradables.

El maravilloso mundo del post-party jejeje. A mí me sorprendió y eso que como no tuve mayores complicaciones debió de ser bastante “light” aunque sí que da la sensación de que se nos va un poco la olla (como con el tema de las obsesiones en el embarazo, ¿recordáis?).

¡¡Contadme, contadme!! ¿Qué tal vuestras emociones en el post parto? ¿Notasteis que se os fuese mucho la olla?