LA BÚSQUEDA DEL BEBÉ

Una vez decidimos ponernos a ello, como la mayoría de las parejas, pensamos que quizá iba a ser visto y no visto. Te pasas la vida utilizando protección para no quedarte embarazada y supones que en cuanto la quites te quedarás, ¿no les pasa eso a todas las adolescentes? Además, con 27 y 28 años éramos “jóvenes”. Y eso que yo ya estaba más o menos puesta en el tema y era consciente de que prácticamente se tienen que alinear los planetas para conseguir un embarazo.

La verdad es que los dos primeros meses no nos pusimos muy en serio. No utilizábamos protección y más o menos sabía los días que ovulaba pero vamos, cuando caía caía y si no nada. Cuando ya pasó el segundo mes sin conseguir nada empezó el estrés y los miedos de “a ver si no vamos a poder”. La regla del tercer intento sí que la recuerdo más amarga. Con decir que compramos una hucha “para el bebé” pero yo de vez en cuando la llamaba la hucha de la “in vitro”, no digo más.

A todo esto, nos pusimos a ello cuando quedaban cinco meses para casarnos. Yo soy muy ansias y tampoco quería la boda del siglo, así que nuestra idea era no eternizarnos ni organizarla a un año vista como hace mucha otra gente. Por suerte se nos dio fenomenal, encontré el vestido perfecto al precio perfecto (todavía recuerdo la cara lívida de la dependienta cuando le dije que me quedaban cuatro meses para casarme y ella se repetía a sí misma como en un mantra “no hay tiempo, no hay tiempo”) y un sitio para celebrarlo también perfecto para nosotros, que no era excesivamente caro y se comía fenomenal que era lo que queríamos.

Los siguientes dos meses nos lo tomamos más en serio. En plan día sí y día no en la semana de ovulación y tal pero no llegué a tomar temperaturas ni nada, tampoco estaba yo muy puesta en el tema. Pero sin resultado.

Y calculando, calculando, la fecha de mi quinta regla era justo para el día de la boda. Una semana antes, fui al baño y manché un poco y me pareció de lo más raro. Había leído sobre el sangrado de implantación, tenía toda la pinta de ser eso, pero como que no me lo terminaba de creer. Creo que ni se lo dije a Alma de Papi.

El caso es que llegó el día de la boda y nada de regla. Podían ser los nervios, una no se casa todos los días, jeje. Ya me veía de luna de miel en París y con los dolores de ovarios y encerrada en el baño. Pero tampoco. Una semana después de que me tuviese que venir la regla, en el hotel de París en el que nos alojábamos, después de todo el día en la calle, compramos un test y me metí al baño. No me dio tiempo ni a parpadear. Dos rayas. Ale, así. ¿Dónde estaba mi espera de diez minutos junto a Alma de Papi, nerviosos, como en las películas? Salí indignada del baño, con la risa floja y le dije: menudo timo, no me ha dado ni tiempo a esperar contigo. Dos rayitas… y nos abrazamos.

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¿Qué tal fue vuestra búsqueda del embarazo? ¿Y el momento “predictor”?