CÓMO ASUSTAR A UNA EMBARAZADA DE 30 SEMANAS

Menos mal que el susto se me ha pasado y he decidido no darle demasiadas vueltas al tema pero, he de reconocer que la segunda visita a la matrona en este segundo embarazo ha sido para salir llorando, vamos.

Ay,¡ con lo contenta que estaba yo con la matrona que me llevó el embarazo de Pichí! Esa reorganización de personal que hubo en lo público hace dos años, en mi caso ha implicado cambios muy negativos. Y es que, con lo que me apoyé en la matrona en mi primer embarazo en este no puedo decir que me pase lo mismo.

Yo le pregunto a la buena mujer mis dudas y le cuento mis preocupaciones y no recibo de ella nada más que frases simples, con poca información y a veces alguna mirada de “ya será menos lo que me estás contando”. No me ha preguntado si mi bebé es niño o niña, si quiera, así que tampoco la veo llamándome por teléfono para ver qué tal ha ido el parto como la otra matrona hacía con todas las madres que llevaba.

Pero bueno, una cosa es que tu matrona ni fu ni fa y otra cosa es que te meta el miedo en el cuerpo… ¡y con una sonrisa, oye! Que vas tu preocupada porque en la última ecografía “la nueva” estaba en podálica (o sea, con la cabeza para arriba en vez de para abajo) y ante tu pregunta atemorizada de ¿qué pasa si esta niña no se da la vuelta? Te responda sonriendo: Pues CESÁREA. Y tú te quedas blanca, empiezan a darte sudores fríos y le preguntas titubeando: pero, ¿no hay más opciones?. Y ella dice escuetamente:” Hombre, hasta la 38 tiene tiempo de girarse”.  Vale, mujer, no te estoy preguntando eso, te estoy pidiendo información porque no quiero verme dentro de 5 semanas con la sombra de la cesárea sobre mi cabeza sin saber cuáles son mis opciones. Que yo sé que existe la versión cefálica externa (aunque con la placenta anterior por lo visto no te la pueden hacer) así que me niego a creer que iré a una cesárea programada en la semana 38 como ella me dijo cuando yo misma nací de nalgas y aquí no pasó nada.

Y la cara de tonta que se te queda. Al insistirle, me explicó que la única opción que tendría para intentar un parto vaginal sería ponerme de parto espontáneo antes de la cesárea programa (repito, en la semana 38, ¿¿no se supone que son 40 semanas de embarazo??) y que al llegar al hospital el equipo médico fuese personal “más mayor” (esas fueron sus palabras) con experiencia en partos de nalgas. Si no, a la cesárea, ala. Y se te queda cara de ¿sólo a mí me importa que me rajen el útero, por lo que veo no? Y pasas del miedo al cabreo y la impotencia en un pis pas.

Salí con el corazón en un puño y enseguida llamé a Alma de Papi que estaba en el trabajo nuevo porque pensamos que la consulta de la matrona sería coser y cantar y podía ir sola.

En mi interior he decidido pensar que “la nueva” se va a dar la vuelta, que es lista como su hermana y que no tiene por qué NO dársela. En la siguiente ecografía en junio (si no puedo ir al privado a hacerme una antes para descansar la mente) veremos a ver. Eso sí, os pido, si alguna llegó a la semana 38 con su bebé en podálica me diga qué tal fue su experiencia y si conocéis alguna alternativa a una cesárea por la falta de experiencia de los médicos.

¿Os han asustado los profesionales durante vuestro embarazo? ¿Cómo vivisteis vuestras cesáreas?

CARTA A MI MATRONA

Querida Patri:
Tenía pendiente escribirte esta carta de agradecimiento desde hace tiempo pero, ya sabes, que las mamás tenemos siempre mil cosas en la cabeza.

La primera vez que pisé la consulta de una matrona (que no eras tú) fue tras esperar dos horas (sí, dos, se dice pronto). Me dio unas recomendaciones acerca de lo que debía comer o no comer estando embarazada de 10 semanas y me amenazó con el peso. Así, en la primera cita.

Lo mejor que hice fue cambiarme al centro de salud en el que te conocí (el del pueblo donde vivo, no el otro que era el del pueblo en que vivía con mi padre). Tenías un par de años más que yo, me hablabas haciendo bromas, quitándole hierro al asunto y, sobre todo, con mucho conocimiento y empatía.

Y eso que durante mi embarazo tuviste que estudiar para las oposiciones porque aunque llevabas 3 años en el mismo centro de salud tu plaza no era fija. Y durante mi postparto te comunicaron que tendrías que abandonar tu plaza. Y a mí se me partió el corazón.

Porque yo no hubiese vivido mi embarazo de una manera tan tranquila sin ti.
Porque sabía que si tenía alguna duda te la podría consultar y, sobre todo, tú me la resolverías.
Porque me tranquilizabas ante los dolores, los malestares y me hacías ver que todo era normal.
Porque le explicabas muchas cosas a Alma de Papi de lo que pasa en el cuerpo de una embarazada y le ayudabas a entender lo que estaba pasando.
Porque siempre me avisabas de lo que me ibas a hacer, de si dolería y de por qué lo hacías así.
Porque llamabas a mi hija por su nombre cuando le buscabas el latido con el doppler.
Porque lo explicabas todo sin tapujos, con ejemplos cercanos, con guasa. Aún recuerdo las historias de tus amigas mandándote fotos por whatsapp del tapón mucoso.
Porque me diste confianza en los ejercicios de las clases preparto y me creí que empujaría fenomenal.
Porque en vez de “cariño”, “niña” u otro tipo de apelativos nos llamabas “madre”.
Porque cuando me viste en la semana 41 me dijiste con cariño “ ¿pero aún no hemos parido?”
Porque me sirvió un montón el acordarme de que al empujar no se tenía que hacer fuerza con la cara congestionada sino con los bajos “como cuando te tiras un pedo en un ascensor”.
Porque me llamaste al móvil estando en el hospital para preguntar qué tal había ido el parto. Me juego una mano a que eso no lo hacen todas las matronas.
Porque querías ser madre y se notaba que te rechiflaba el mundo de la maternidad y tu trabajo.

Con profesionales como tú es todo mucho más fácil en esta época tan frágil y llena de miedos como es el embarazo de una mujer.
Gracias, Patri.

¿Tuvisteis tanta  suerte con vuestra matrona como yo?