¿¿PEERDOONAAAA??: LOS NIÑOS SON EGOÍSTAS, MANIPULADORES Y CAPRICHOSOS

Hacía tiempo que no recurría a esta sección en la que plasmo los comentarios que recibo en mi día a día y que más ojiplática me dejan.

Me da rabia escribir éste porque viene de un momento en el que hemos puesto mucha ilusión y han conseguido que la perdamos en parte. Y es que sí, señoras y señores, esta frase con todos sus adjetivos me la dijo el profesor de matronatación en la primera clase. Manda narices. Tengo que escribir largo y tendido porque nos hemos llevado un chasco enorme ”gracias” a este tipejo que, como Pichí no paraba de llorar dentro de la piscina nos dio unas pautas de crianza (así, como el que da una receta) cuyo eje central fue esta frase.

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Qué rabia. Qué rabia me da que alguien que trabaja con niños vaya con estas ideas preconcebidas tan negativas sobre los niños. ¿Y si yo digo que todos los que trabajan en gimnasios son superficiales, vigoréxicos y narcisistas? ¿No es una generalización absurda y falsa? Pues eso.

Lo peor de todo es que yo sabía que esta creencia está en las calles, que cuando te dicen “este niño te tiene comiendo de la mano” o “hace contigo lo que quiere” y todas esas frases que oímos los padres con un deje de superioridad del que las dice, tiene esa teoría subyacente de que el niño te manipula para su propio beneficio.

A ver, como a todo hijo de vecino a los niños a veces les apetece más o menos hacer ciertas cosas. Por supuesto, tienen que entender que en esta vida, aunque no nos apetezca hay cosas que no son negociables y hay que hacerlas: trabajar o hacer algo con nuestra vida, mantener la casa más o menos limpia, dormir ciertas horas, ir al cole y cosas así. Como padres tenemos que enseñarles que todos tenemos obligaciones que no nos apetece mucho hacer pero hay maneras y maneras de enseñárselo. Si le pido que recoja y veo que la niña no lo hace tengo dos caminos: uno, pensar que es una egoísta que no quiere mover un dedo y entonces iré cabreada, le gritaré que lo recoja de una vez y como no reaccione quizá hasta la zarandeo del brazo. O, dos, pensar que es una niña que le apetecen más otras cosas y que está en proceso de aprendizaje y así me agacharé con ella, la animaré a recoger y le echaré una mano.

Digo yo, ¿no es más sano pensar de la segunda manera? ¿No se da cuenta la gente de los enfados que nos ahorramos así consiguiendo al final lo mismo que es que recojan?

Llega un punto en el que no sé si es que yo vivo en mis mundos de Yupi y por eso hay tantas  cosas que no me parecen ni medio normales. Me da qué pensar si la manera en la que yo quiero que traten a Pichí y mi manera de educarla no es más que una utopía que se va a ver más pisoteada a lo largo de nuestra crianza que el escenario de un tablao flamenco. Pero me niego. Me niego a que este señor trate de aleccionarme de una manera tan negativa sobre mi propia hija. Adoro a mi hija y, como todo padre haré lo imposible para que no sufra o al menos para allanarle el camino y darle estrategias para que ella afronte los problemas. Si llora porque no le apetece estar en el agua la solución no es pensar que me está manipulando para que la saque sino dejarla que se abrace a mí, darle confianza poquito a poco para que se suelte y entretenerla con juguetes.

Vosotros, ¿pensáis que vuestros hijos os manipulan alguna vez? ¿Os parecen utópicas mis ideas?

LAS DISTINTAS MANERAS DE CRIANZA

Estuvimos hace un mes con unos amigos sin hijos (de esos de los que ya he hablado) y vinieron unos amigos suyos que tienen un bebé que tenía casi tres meses.

Cuando llegó la hora de comer, como hacía bastante calor en la terraza de la casa que era donde los mayores íbamos a comer, yo procedí a dejar el cochecito de Pichí junto a la puerta corredera para verla desde la mesa (se había quedado dormida milagrosamente tres minutos antes de sentarnos a comer). Le dije que podía poner el carrito al lado del mío y así les veíamos y me dijo “no hace falta, le dejo ahí (entiéndase por “ahí” una zona en la que no se veía al niño si no pasabas expresamente a la casa) y así no molesta por si queremos pasar. Además yo le dejo en el cuco y se duerme solo o mira al techo, pero no protesta”. Con la boca pequeña y una sonrisa dije “qué suerte, que se entretiene solito”.

También hablamos de la hora del sueño y me contó que el nene ya dormía en su habitación. Yo le dije que ese momento de cambiarla a su cuarto lo veía aún un poco lejos y eso que duerme fenomenal. Y ella me dijo: “ya, bueno, yo es que trabajo en un hospital en neonatos y por mi experiencia, es lo mejor”.

Y el tercer punto que me llamó la atención de lo distintas que hacemos las cosas fue cuando el nene se puso a llorar por hambre y dijo “es que no quiero que se acostumbre a pedir cada hora y media, prefiero aguantarle un poco.” Y a continuación le dijo al bebé “ no, A, no se llora”.

No entro a juzgarla, obviamente, como no me gusta que me juzguen a mí. No pongo en duda que adore a su pequeño tanto como yo adoro a la mía. Simplemente pienso en las maneras tan distintas que hacemos las cosas las personas. A mí no me sale poner a la nena en un sitio desde el que no la vea, a mí no me sale dejarla mirando al tendido, (en lo de dejar que se duerma sola no es que no me salga es que es a ella a la que no le sale jeje), para pasarla a su habitación yo no me siento preparada y eso que dormimos todos prácticamente del tirón toda la noche y lo de “que se acostumbre a pedir teta cada hora y media” ahí sí que pienso que hay un error de base pero como no me pidió opinión yo tampoco se la di.
Y me pregunto si todo ello influye en cómo serán nuestros bebés de mayores. Si el suyo será más independiente o más inseguro o la mía más dependiente o más libre, si el suyo reprimirá sus emociones o la mía será una llamadora de atención insoportable…

¿Alguien tiene alguna respuesta? ¿Creéis que las sutilezas de la crianza influyen en l@s adulto@s futu@s que serán nuestros bebés?