Y CUANDO NO ME LA PUEDO LLEVAR ¿DÓNDE DEJO A MI HIJA?

Como ya os he contado en otras ocasiones en esta familia somos de hacer todo lo que podamos juntos (hasta ir al tanatorio). Aún así, según pasa el tiempo y con esto del nuevo embarazo nos hemos dado cuenta de que hay a sitios a los que no podemos llevarnos a Pichí y de ahí viene mi pregunta ¿qué narices hago con mi hija ese rato?

El día 7 tengo la prueba del azúcar. Te dan un sobrecito de glucosa  para que lo bebas sin miramientos y tienes que permanecer una hora sentada para que vean cómo lo gestiona tu cuerpo y si tienes riesgo de padecer diabetes gestacional. ¿Una hora sentada? Con Pichí, imposible.

Normalmente lo que hacemos es pedir ayuda a Alma de Suegri, pero justo esa semana se van de viaje así que nos encontramos solos y sin alternativas, la verdad .Al final  Alma de Papi ha decidido cogerse el día de vacaciones porque en su empresa no es que sean muy de conciliar ni de darte horas de permiso y esas cosas.

Y ahora viene otra, las jornadas de puertas abiertas de los coles, que ya hemos comenzado con ese maravilloso mundo de la búsqueda y que os contaré más detenidamente. Son reuniones para adultos en las que te cuentan el funcionamiento del centro. De momento fui a una yo sola con Pichí y me resultó muy pesado tener la atención dividida entre lo que estaban contando y estar pendiente de que Pichí no la liase mucho y eso que es bastante buena. Pero vaya, que al final no atiendes ni a una cosa ni a otra y me fui con la sensación de que podía haber aprovechado mucho más ese tiempo si hubiese ido sola.

Y es que, claro, si va a guardería tienes esos ratos para gestionar “tus cosas” a solas pero, ¿y si no? En nuestro caso, tiramos de abuelos, pero ¿y los que no tienen familia cerca? ¿Cómo lo hacen? Y es una pregunta que lleva rondándome varios días por la cabeza.

Y es que, aunque a nosotros nos encante ir juntos a todos los lados a veces hay ciertos compromisos ineludibles (citas médicas, reuniones del colegio etc.) a los que no se puede llevar a nuestros hijos. Y de eso me estoy dando cuenta ahora.

¿Cómo lo hacéis vosotras? ¿Qué hacéis con vuestros hijos cuando no os los podéis llevar con vosotros?

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¿¿PEERDOONAAAA??: ANUNCIANDO EL EMBARAZO A LA SUEGRA

¡Qué bonito es anunciar buenas noticias! Todo son sonrisas y felicitaciones a nuestro alrededor, abrazos, incluso lágrimas… ¿o no?

¿Os ha pasado alguna vez que habéis anunciado algo importante para vosotros y el ambiente de pronto se ha tornado enrarecido, frío, congelado, y la tensión podía cortarse con un cuchillo? Pues eso nos ha pasado al anunciar el segundo embarazo a mis suegros. Y a alguna persona más de la familia, no os vayáis a creer.

Vaya por delante que mis suegros se portan bastante bien con nosotros y, sobre todo, adoran a Pichí. Aún así su visión particular sobre la vida, en este caso, con el momento de tener hijos, coincide bastante poco, mejor dicho, nada de nada con la nuestra. Pichí tiene casi 27 meses, yo tengo 30 años y no veo futuro estable en mi profesión tras 7 años trabajando. Por suerte, Alma de Papi tiene un trabajo fijo en el que le van subiendo el sueldo poco a poco cada año y nos permite vivir, sin grandes lujos, pero vivir, salir a cenar de vez en cuando, ir de vacaciones etc. Vamos, nos podemos dar con un canto en los dientes porque la mitad de mi generación sigue viviendo con sus padres. Bueno, pues mis suegros piensan que no puede uno tener hijos hasta que no gane 3000 euros cosa que para esta generación me temo que no va a pasar.

Así que cuando nosotros, ilusos e ilusionados, juntamos a mis cuñados con mis suegros (mis cuñados ya lo sabían porque se lo habíamos dicho un día antes) un silencio de este que te aplasta cubrió toda la habitación. Dejaron de establecer contacto ocular y yo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca, qué mal rato. El momento fue cuando, Alma de Suegri rompió el silencio para decir: ¿PERO LO ESTABAIS BUSCANDO? ¿ES DESEADO?

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¿¿PEERDOONAAAA??

Dijimos que por supuesto. Aunque mi mente pensó : ¿Qué coño quieres que te responda a eso? ¿En serio te quedarías más tranquila si nos hubiésemos quedado embarazados sin querer, como si fuésemos adolescentes irresponsables?

Yo aluciné pepinillos, la verdad. Me frustra y me confunde no recibir ni si quiera un “felicidades” o un “¿y cómo lo estás llevando?”. Así es como reacciono yo cuando la gente me anuncia un embarazo, no sé, llamadme rara pero me parece lo normal. Y así estamos, preguntan poco, la verdad y nosotros hemos decidido no tocar el tema con ellos. A veces sus opiniones a mí me hacen bastante daño así que prefiero no saber lo que piensan.

Eso sí, ya he hablado con Alma de Papi que si hay un tercero no lo anunciaremos… dejaremos que lo vayan descubriendo según salga el barrigón jajaja. Ays, en fin… ¿cómo reaccionaron cuando anunciasteis vuestro embarazo? ¿Tuvisteis algún peerdoonaaaa como el nuestro?

¿¿PEERDOONAAAA??: NIÑO, NO HAGAS EL NIÑO

Desde que me metí de lleno en esto de la maternidad, (vamos, que me embaracé de Pichí) leo cosas en vuestros blogs o otras mamis te comentan anécdotas y en tu fuero interno quieres pensar: “bueno, será una excepción” “no creo yo que taaanta gente esté chapada a la antigua” etc etc. Pero claro, luego miro la sección de ¿¿PEERDOONAA?? que tantas alegrías me está dando y que no paran de ocurrírseme frasecitas y situaciones que me están pasando en primer persona y oye, se me ponen los pelos como escarpias. Porque sí, aún hoy en día hay muuucha gente con pensamientos negativos, obsoletos e hirientes y, el problema es que no se cortan en airearlos y lanzártelos como puñales.

En fin, a lo que voy. La perlita de hoy no me la dijeron directamente ni a mí ni a mi hija sino al hijo de una de mis primas que no llega a los tres años. Para poneos en situación es un niño inquieto (más inquieto que la media, de estos que no paran y se le ocurren muchas maldades jeje) pero vamos, de ahí no pasa, bastante normal en un nene tan pequeño. En la última reunión familiar, su abuelo, un señor de unos 60 y pico, que le ve poquito porque no vive en la ciudad, al ver que el niño intentaba coger todo lo que había por la mesa (servilletas, cubiertos, vasos etc.) le dice al crío: LUCAS, NO HAGAS EL LUCAS (por supuesto el nombre no es el real del niño).

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¿¿PEERDOONAAAA????

A mí me resultó violento. La gente te dice: no hagas el tonto/cafre/idiota/cabra… y él lo estaba asimilando a su nombre. Vamos, que está creando en el niño la idea de que su nombre y esas palabras son sinónimos. Olé. Encima es como decirle “no seas tú mismo, no te comportes como tú eres”. Otro olé.

De nuevo el RESPETO por los niños es inexistente en personas que les quieren. La gente está acostumbrada a pasar por encima de sus derechos, de etiquetarles, de ordenarles y pensar, encima, que lo están haciendo bien. Yo a mi suegra le he pedido que no use la frase “está muy tontita” cuando la niña tiene sueño y se queja. Dile “tienes sueño” que es lo que es, no “estás tonta”. No insultes y menos a un niño. Si yo hubiese sido mi prima probablemente le hubiese dicho algo al abuelo del niño pero es cierto que muchas veces nos puede la vergüenza. Mira, madre asustada por el qué dirán, qué pensarán, me llamarán madre histérica etc etc, saca la leona que llevas dentro y defiende a tu cachorrete si crees que ciertos comentarios le pueden herir. Con una sonrisa, si quieres, dando un corte, siendo borde o diplomática, pero no dejemos que la gente etiquete a nuestros niños ni utilice expresiones hirientes. Si no les corregimos seguirán pensando que lo hacen bien.

Y vosotras, ¿sois de las que os calláis o de las que saltáis como leonas? ¿Qué le hubieseis dicho al abuelo de “Lucas”?

DE CÓMO HEMOS PASADO LAS FIESTAS

El resumen es FENOMENAL.

Empezamos yéndonos al pueblo, a casa de los abuelos de Alma de Papi, un lugar perdido de León en el que apenas hay cobertura y huele a chimenea. Un placer, vamos.

Los miedos los de siempre; el descontrol de horarios, que nos peguemos virus unos a otros, estar toda la familia junta y que al final salten chispas… Hubo de todo, la verdad.

La pobre Pichí se ha pasado tooooodas las vacaciones malita (cuando digo tooooodas es toooodas, estuvo tres días bien y luego otra vez tos, mocos y antibióticos al canto). Da la sensación de que no remontamos desde la maldita vacuna de los 12 meses aunque parece que ya, poquito a poco, va mejor.
Esto hacía que no pudiese respirar bien tumbada, así que tuvimos un par de noches de película de terror y el resto de los días le dio por madrugar a las 8 y media de la mañana. Menos mal que va recuperando poco a poco su horario.
El descontrol de horas, sobre todo de Nochebuena y Nochevieja me daba mucho miedo. No sabía si se dormiría o no y si luego se desvelaría con los ruidos, los cambios de casa etc, etc. (o que recuperase su esencia trasnochadora como tenía antes del bendito cambio de hora). Al final nada de eso. Estuvo jugando con los primos pequeños aguantando como una campeona y de buen humor y a las 12 o la 1 le decíamos “vamos a dormir” y allá que se venía a tomar su teta y, obviamente cayó rendida. Un diez.

En estos quince días además ha habido gente que la ha visto al principio de las fiestas y luego al final y coinciden en que ha cambiado un montón. Se pega sus paseos solita, sin agarrarse a nada de un lado a otro, está empezando a vocalizar de manera intencionada (dice ta para teta, aaatá para agua y lo que más claro dice y que acompaña señalando con el dedito tieso es “pa-pa”). En cuanto a la comprensión ha avanzado muchísimo. Nos dice que sí y que no con la cabeza entendiendo claramente lo que le decimos, y eso implica que han empezado las primera rabietas cuando no consigue lo que quiere. Me acuerdo mucho de otra mami bloguera (que no recuerdo ahora mismo quién era, mil perdones) que hablaba de que su nene tiraba la cabeza para atrás cuando se enfadaba y que a ella le daba miedo por si se hacía daño. Es la misma técnica que ha desarrollado Pichí (que yo me pregunto en qué momento nos ha visto a su padre o a mí hacer eso cuando nos enfadamos jajaja porque si no, ¿de dónde lo sacan?). Tiene carácter la niña pero, de momento, con paciencia, muchos mimos e intentando distraerla con canciones lo podemos manejar.

Hemos echado de menos a algunos que no han querido estar presentes (sí, hay abuelos que no quieren serlo), pero en general nos hemos sentido queridos y arropados por nuestra gran familia que, desde hace 14 meses, es también la de Pichí.

Ays, mañana vuelvo a trabajar mi ratito con sabor a turrón aún en la boca. Y vosotr@s, ¿qué tal habéis pasado las fiestas?

EL ABUELO QUE NO QUISO SERLO

Érase una vez una niña que tenía una mamá. La mamá le decía siempre que la quería mucho y siempre sonreía con un brillo especial en los ojos cuando la niña jugaba, reía, comía o incluso mientras dormía (eso la niña lo sabía porque notaba el amor que recibía de su mamá hasta dormida).

Pero a veces, los ojos de su mamá se ponían grises, se apagaban y la niña no entendía por qué. Hasta que un día se lo preguntó a su madre y ella le respondió:

– Es que te falta un abuelo.
– ¿Ah, sí?- dijo la niña sorprendida.
– Sí, ¿no lo habías notado? Es ese señor que vemos más o menos cada tres meses, que no llama durante meses ni para preguntar cómo estás.
– Ah, pero eso no es un abuelo, entonces. El abuelo, es el abuelo Abelo, el papá de papá. El que me lleva a la piscina, el que me pasea cuando estoy pesada y no me quiero dormir, al que se le cae la baba cuando habla de mí a los demás, el que me echa de menos cuando lleva unas horas sin verme y necesita como mínimo una foto diaria para no perderse nada.
– Ya, pero podrías tener otro abuelo igual. Y no quiere serlo.
– Sí, o podría no tener ninguno y no saber lo que es un abuelo.

La mamá no dijo nada más. Su hija estaba feliz con su abuelo. Cada uno es como es y no se puede obligar a las personas a cambiar así que disfrutarían de ese abuelo porque, era cierto, hay niños que nunca conocen el amor de un abuelo. Y la niña tenía dos abuelos, el abuelo Abelo y la abuela Abela.

Hay que quedarse con lo que suma a nuestras vidas, nunca con lo que resta. Porque el domingo fue el día de los abuelos, felicidades a todos los que sí quieren serlo y disfrutan de ello. No sé qué haríamos sin vosotros.