AMENAZA DE PARTO PREMATURO (2): HOSPITALIZACIÓN E INTERVENCIÓN

Nos quedamos en que me iban a ingresar mínimo 72 horas para parar las contracciones que habían empezado el trabajo de parto.

Me metieron en un paritorio (por suerte acompañada de Alma de Papi y de Pichí) y allí me indicaron que me pusiese el pijama del hospital. Entre lágrimas intenté dejarlo para más tarde, como negando que me fuese a quedar allí ingresada o que “la nueva”, si todo se torcía, iba a nacer ya y ser una prematura de 1.600 kg (el ginecólogo hizo la estimación del peso para tener el dato por si se decidía a nacer).

El protocolo es el siguiente:

*Dos inyecciones de corticoides en el culete de la mami (una en el momento y otra tras 24 horas) para ayudar a la maduración de los pulmones del bebé.

*Una dosis alta (de choque) de atosiban (en mi caso) durante las primeras 3 horas y luego otra más bajita en perfusión durante otras 48 (vamos, pegada al gotero todo el día) para relajar el útero e intentar parar las contracciones. Además, la estancia en el hospital se alargaba 24 horas más en observación sin medicación.

*Además estuve con monitores las 3 primeras horas con la primera “ración” de atosiban” y al día siguiente me hicieron otras dos tandas.

*Al día siguiente también me hicieron el exudado vagino-rectal por si la bebé se decidía a nacer saber si la presencia del estreptococo era positiva o no.

Y así estuvimos. Si me ingresaron el miércoles a las 9 de la noche, sentía algunas contracciones hasta el jueves, de hecho, en los monitores de la mañana se veían. Además llegó un momento en el que tenía la tripa dolorida de las contracciones y de los monitores y ya no sabía distinguir si sentía contracciones suaves o simplemente era molestia.

El viernes ya no sentí ninguna contracción y sólo me hicieron unos monitores durante el día. Pregunté si me medirían el cuello del útero y me dijeron que ya lo irían sopesando porque con estas cosas cuanto menos toqueteasen mejor, incluidos los monitores. Y oye, yo no pude estar más de acuerdo. Ese mismo día por la noche me quitaron el atosiban y al día siguiente me llevaron de nuevo a monitores para ver si había contracciones. Ya era sábado. Previamente me di un par de paseos por el pasillo por si eso podía provocarme contracciones después de apenas moverme durante más de dos días.

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31 semanas, hospital, pijama y vía

No sentí ninguna contracción y el domingo al mediodía me dieron de alta tras hacerme monitores de nuevo y medir el cuello del útero para comprobar que no había disminuido más. Seguía entre 25 y 30 mm (por lo visto si se pilla la contracción aparece más corto y aunque no se recupera no había disminuido). Así que para casa con indicaciones de reposo relativo tanto físico como sexual y derivada a alto riesgo con una consulta para pasados 9 días del alta.

Hemos tenido que recurrir a Alma de Suegri para que me eche una mano con la casa y lleve al parque a Pichí. Poquito a poco se me ha ido pasando el cansancio exagerado ante cualquier movimiento después de pasar dos días de la cama al sillón y del sillón a la cama. Y, probablemente, hemos terminado con la lactancia porque, a pesar de que me han dicho que podía seguir dándole el pecho lo cierto es que me entró mucho miedo de que me provocase contracciones así que hemos cambiado la teta de la siesta por mimitos y Pichí lo ha aceptado fenomenal.

Este martes vuelvo a consulta a ver qué tal pero, de momento no he vuelto a sentir contracciones rítmicas, solo unas 4 o 5 al día de Braxton-Hicks. Eso sí, el miedo a que algún esfuerzo de pronto vuelva a desencadenar contracciones no me lo quita nadie.

¿Alguna en la sala que haya vivido este tipo de amenaza de parto prematuro?

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AMENAZA DE PARTO DE PREMATURO EN LA SEMANA 31 DE EMBARAZO (1): VISITA A URGENCIAS

Bueno, casi dos semanas después vuelvo por aquí para actualizaros y contaros lo que resumo en el título y para dejar, como siempre, escrita mi experiencia para aquellas a quienes os pueda ayudar.

Como todas sabéis, iba yo llevando este segundo preñamiento de maravilla (a parte de la incertidumbre del sexo del bebé, del susto de la posición podálica en la semana 30 y de unas contraccioncillas que sentí en la semana 29 pero que no llegaron a más, que le comenté a la matrona y que también pusieron una nube turbia en mi cabeza cuando fui hace dos semanas.

En fin, que “la nueva” al final, me trae frita porque, pese a que no me duele nada, me he tirado casi 5 días ingresada en el hospital.

Os cuento. El miércoles pasado pasé una mañana normal, llevé al parque a Pichí y estuve como una rosa, como siempre (después de comer hasta me puse a planchar y todo, ¿no os digo que estoy estaba fenomenal?

Mientras Pichí dormía la siesta y yo aprovechaba para tirarme en el sofá empecé a notar, poco a poco, oleadillas de molestia y presión cada 3 ó 4 minutos en los riñones y hacia delante, por toda la zona del cinturón como yo la llamo.

Como os decía, lo mismo me había pasado en la semana 29, sobre las 12 de la mañana y hasta las 4 de la tarde o así, a pesar de estar sentada y más o menos tranquila, no se me pasaron solas. Cuando fui a la matrona se lo comenté y me dijo que si me volvía a pasar que las contracciones cogiesen ritmo me fuese a urgencias “por si acaso”.

Claro, con esas palabras retumbando en mi cabeza del viernes y justo darme las contracciones el miércoles, cuando volvió Alma de Papi de trabajar para urgencias que nos fuimos.

Allí el ginecólogo me midió el cuello del útero, vio que la bebé estaba bien, me hizo hacer pis en un vasito para ver si había alguna infección y me mandó a monitores. Allí me tuvieron unos 45 minutos en los que sí se registraban contracciones y cuando volví a la consulta el ginecólogo me explico varias cosas:

*Podemos tener contracciones dolorosas aisladas pero el momento de ir a urgencias es si cogen ritmo, como me pasó a mí y no se pasan con reposo o con una ducha caliente.

*Que la mayoría de las veces no se sabe porqué empiezan estas contracciones. Que a veces puede ser por una infección de orina (que yo no tenía) o por alguna infección subyacente, pero, en la mayoría de los casos, no tienen ni idea.

*Que volviese de nuevo a urgencias si las contracciones cogían ritmo, si sangraba como una regla, si rompía la bolsa o si notaba que el bebé no se movía.

Pues nada. Antes de irme, por protocolo me volvió a medir el cuello del útero y pude ver en su cara que algo no iba bien. Se había acortado de 32mm a 25mm en 2 horas.

-Bueno, AlmadeMami, olvídate de todo lo que te he dicho porque voy a consultarlo con el equipo pero probablemente te vas a quedar ingresada como mínimo 72 horas.

Mañana os contaré cómo siguió el ingreso para que no se haga muy largo…

CÓMO ASUSTAR A UNA EMBARAZADA DE 30 SEMANAS

Menos mal que el susto se me ha pasado y he decidido no darle demasiadas vueltas al tema pero, he de reconocer que la segunda visita a la matrona en este segundo embarazo ha sido para salir llorando, vamos.

Ay,¡ con lo contenta que estaba yo con la matrona que me llevó el embarazo de Pichí! Esa reorganización de personal que hubo en lo público hace dos años, en mi caso ha implicado cambios muy negativos. Y es que, con lo que me apoyé en la matrona en mi primer embarazo en este no puedo decir que me pase lo mismo.

Yo le pregunto a la buena mujer mis dudas y le cuento mis preocupaciones y no recibo de ella nada más que frases simples, con poca información y a veces alguna mirada de “ya será menos lo que me estás contando”. No me ha preguntado si mi bebé es niño o niña, si quiera, así que tampoco la veo llamándome por teléfono para ver qué tal ha ido el parto como la otra matrona hacía con todas las madres que llevaba.

Pero bueno, una cosa es que tu matrona ni fu ni fa y otra cosa es que te meta el miedo en el cuerpo… ¡y con una sonrisa, oye! Que vas tu preocupada porque en la última ecografía “la nueva” estaba en podálica (o sea, con la cabeza para arriba en vez de para abajo) y ante tu pregunta atemorizada de ¿qué pasa si esta niña no se da la vuelta? Te responda sonriendo: Pues CESÁREA. Y tú te quedas blanca, empiezan a darte sudores fríos y le preguntas titubeando: pero, ¿no hay más opciones?. Y ella dice escuetamente:” Hombre, hasta la 38 tiene tiempo de girarse”.  Vale, mujer, no te estoy preguntando eso, te estoy pidiendo información porque no quiero verme dentro de 5 semanas con la sombra de la cesárea sobre mi cabeza sin saber cuáles son mis opciones. Que yo sé que existe la versión cefálica externa (aunque con la placenta anterior por lo visto no te la pueden hacer) así que me niego a creer que iré a una cesárea programada en la semana 38 como ella me dijo cuando yo misma nací de nalgas y aquí no pasó nada.

Y la cara de tonta que se te queda. Al insistirle, me explicó que la única opción que tendría para intentar un parto vaginal sería ponerme de parto espontáneo antes de la cesárea programa (repito, en la semana 38, ¿¿no se supone que son 40 semanas de embarazo??) y que al llegar al hospital el equipo médico fuese personal “más mayor” (esas fueron sus palabras) con experiencia en partos de nalgas. Si no, a la cesárea, ala. Y se te queda cara de ¿sólo a mí me importa que me rajen el útero, por lo que veo no? Y pasas del miedo al cabreo y la impotencia en un pis pas.

Salí con el corazón en un puño y enseguida llamé a Alma de Papi que estaba en el trabajo nuevo porque pensamos que la consulta de la matrona sería coser y cantar y podía ir sola.

En mi interior he decidido pensar que “la nueva” se va a dar la vuelta, que es lista como su hermana y que no tiene por qué NO dársela. En la siguiente ecografía en junio (si no puedo ir al privado a hacerme una antes para descansar la mente) veremos a ver. Eso sí, os pido, si alguna llegó a la semana 38 con su bebé en podálica me diga qué tal fue su experiencia y si conocéis alguna alternativa a una cesárea por la falta de experiencia de los médicos.

¿Os han asustado los profesionales durante vuestro embarazo? ¿Cómo vivisteis vuestras cesáreas?

CUENTOS SOBRE LA LLEGADA DEL HERMANITO

Como siempre os digo, bien sabéis que en esta casa nos encantan los cuentos y yo, tenía claro, que para explicarle a Pichí la llegada del nuevo miembro de la familia compraríamos algún cuento chulo para leer en familia.

Qué os voy a contar, abordar ciertos temas con los niños mediante cuentos es la manera ideal de pasar un rato en familia, de comunicarnos juntos, de conocer qué piensa el niño y de asegurarnos de que entiende lo que le estamos explicando. Eso sí, no vale cualquier cuento. Pese a que últimamente los autores y las editoriales están creando cuentos muy trabajados para casi todos los temas es importante elegir uno adecuado a la edad del niño, su nivel de comprensión y su personalidad. Por eso, hoy os cuento los dos libros por los que nos hemos decantado para explicarle a Pichí la llegada de “la nueva” y otros dos que descartamos aunque quizá a vosotros os pueden servir.

“Lulú tiene un hermanito” (Camila Reid, Editorial SM).

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Éste es el libro que le hemos comprado. Es ideal para niños a partir de 18 meses-2 años porque los dibujos son claros, divertidos y ¡tiene solapas! Además es bastante duro y resistente. Aborda el tema por encima, sin entrar en profundidad, explicando que mamá tiene un bebé en la barriga, que está cansada, que un día llama la abuela al timbre, juega con Lulú y al día siguiente llegan sus papás con el hermanito. No idealiza al bebé, en el sentido de que explica que mamá va a estar ocupada, que Lulú tiene que hacer muchas cosas con papá pero que aún así hay tiempo para todo y mamá también jugará con ella. Y que además, con el tiempo, el hermanito crecerá y serán compañeros de juegos. Nos decidimos por él por su sencillez, su positividad y lo concreto que era. Sale un dibujo de la ecografía del hermanito de Lulú y Pichí lo asocia con las ecografías que tenemos de “la nueva”. Adelanta que no todo será fácil cuando llegue el bebé pero se centra sobre todo en lo positivo y la protagonista es una niña como Pichí, con la que se identifica y por eso a nosotros y a Pichí nos encanta. ¡Por el módico precio de 11,95 euros jajaja).

“Teo y su hermana” (Violeta Denou, Editorial Timunmas).

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Este cuento lo cogimos de la biblioteca. Pichí ya tiene algún cuento de Teo así que el punto positivo es la familiaridad. Personalmente me gusta un poco menos que el de Lulú porque se me queda como anticuado. Hay una imagen de un nido en el hospital, Teo dándole un biberón a la bebé o una especie de bautizo sin nombrarlo al final del cuento. A Pichí le gusta bastante también así que se lo contamos adaptándonoslo a nuestro gusto y listo.  También es positivo en general aunque tiene escenas que muestran los celillos del hermano mediano pidiéndole a la mamá que lo coja en brazos o a Teo asustado porque el bebé llora mucho de noche, cosas que, como he dicho antes, sirven para adelantar a nuestros hijos mayores que no todo va a ser un camino de rosas y a hacerse una idea un poco más fiel a la realidad de lo que pasará con la llegada del nuevo miembro de la familia. Lo bueno de los cuentos de Teo es que se pueden leer con nenes pequeñitos a partir de los 2 años hasta nenes más grandes por la cantidad de detalles que tienen los dibujos y que se pueden comentar.

“Dentro de nuestra mamá” (Jo Witek, Editorial Bruño)

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https://www.infantilandia.es/cuentos-de-educacion-emocional-/609-dentro-de-nuestra-mama-te-espero-fuera-hermanito.html

Cuando hice la búsqueda de cuentos para Pichí éste me llamó mucho la atención. Tiene también solapas y dibujos muy sencillos y los comentarios eran muy positivos. Aún así cuando fui a la librería (por cierto, sólo lo encontré en Dideco ) y lo hojeé me pareció muy abstracto para una niña de dos años y medio. Es una hermanita hablando a la barriga de la mamá donde, abriendo la solapa puedes ver al bebé creciendo. Pero en vez de hablar concretamente de lo que va a pasar se centra más en lo que le gustaría hacer a la hermana mayor con el bebé cuando salga. No sé, lo veo ideal para niños más mayores, a partir de 4 años o así y por eso, en nuestro caso, lo descartamos.

“Te quiero, hermanito” (  C. Huet-Gomez. Editorial Tramuntana).

https://www.casadellibro.com/libro-te-quiero-hermanito/9788494284106/2527594

Este, personalmente, me resultó el horror de los horrores. Lo vi en internet y luego en la librería y aluciné. El pollito está super contento de tener para él solo a sus papás mientras los demás tienen hermanitos y cuando su mamá se pone a incubar el huevo el pollito se enfada, da un puñetazo sobre la mesa… por no hablar de que le da con un palo al huevo o algo así… no lo recuerdo bien pero transmite mucha frustración y agresividad. Quizá para ayudar a un niño a trabajar los celos pueda ser útil (tendría que ver bien si da soluciones para canalizar el malestar del hermano mayor) pero a mí me produjo mucho rechazo, la verdad.

 

 

Pues estos son los libros que hemos visto sobre el tema, ¿los conocíais? ¿Cómo le contasteis al mayor la llegada del bebé?