QUÉ REGALAR A UN NIÑO DE DOS AÑOS Y POR QUÉ

Como sabéis a mediados de noviembre es el cumple de Pichí y en un pis pas tenemos aquí Los Reyes. Para el tema regalos esto es una locura porque a nosotros nos gusta que lo que recibimos tenga su sentido, vaya de acuerdo al gusto de Pichí y, por qué no, también al de sus padres. Por eso SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE hay que preguntar a los padres si necesitan algo, de verdad que ahorramos tiempo todos.

A nosotros este año la mayoría nos han preguntado si queríamos algo en especial y algunos de los que no, he de reconocer que nos han sorprendido con sus regalos comprando cosas que yo tenía en mente o cosas que no se me hubiese ocurrido pedir nunca y que a Pichí le han encantado.

Dicho lo cual, os cuento aquí algunas cositas que nos han regalado y otras que pediremos para Reyes y las razones por las que los vemos juguetes adecuados a la edad y el desarrollo de nuestra hija y así de paso, os doy ideas por si alguno tenéis un peque de dos añitos cerca.

Comenzamos:

*Para practicar el juego simbólico: Ollas de metal, comiditas de madera, cocinita. Cualquier cosa que imite a lo que ven en su vida diaria, las tareas del hogar, la higiene etc. Con ello los niños desarrollan la imitación, planifican secuencias (hacer un café a mamá, echando leche y azúcar por ejemplo) y desarrollan el juego simbólico echándole mucha imaginación a sus juegos. En nuestro caso cuando nos ponemos a cocinar le damos a Pichí sus cacharrines un poco de la comida que vamos a preparar, coge el escalón para llegar a la encimera y allá que nos ayuda a trocear la coliflor o lo que sea. El tema de la cocinita ya os diré porque se me metió entre ceja y ceja hacerle una de cartón y va, poquito a poco pero va y espero poder enseñárosla prontito. Relacionado con la higiene también nos regalaron el “buenos días, perrito de Fisher Price”. Tiene canciones pegadizas, luces y objetos relacionados con la higiene personal como el peine, el cepillo de dientes, la pasta. A Pichí es que todo el tema “botones” le encanta así que este no podía faltar.

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Buenos días perrito de Fisher Price

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*Para aprender vocabulario: el arca de Noé de Playmobil 1,2,3, Mister Potato y cuentos. A partir de los 18 meses los niños empiezan a desarrollar el lenguaje a pasos agigantados. El lenguaje comprensivo se desarrolla mucho antes y van adquiriendo vocabulario sin que nos demos cuenta. Para practicar tanto su comprensión como su pronunciación podemos usar juegos de este tipo para trabajar los animales o las partes del cuerpo respectivamente (entre otras muchas cosas porque el Mister Potato me merece una entrada entera, madre mía la enjundia que se le puede sacar a ese juguete jeje). Por cierto, que no os recomiendo el de tela ya que aunque para peques puede parecer mejor  los velcros acaban por hacer que las partes del cuerpo no peguen bien y quedan caídas. Yo personalmente prefiero el de toda la vida aunque al principio les cueste a ellos un poquito más encajar las piezas.

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*Para practicar la motricidad fina: pinchitos, pinturas, témperas, plastilina. Con dos años todavía nuestros peques son un poquillo torpes a la hora de realizar movimientos finos coordinando todos sus deditos como coger un lápiz, los cubiertos, cositas pequeñas etc. Por eso este tipo de juegos vienen fenomenal para que lo practiquen y además se diviertan y desarrollen su imaginación.

*Para desarrollar la imaginación: disfraces, pintura de caras. Las pinturas de cara era algo que me hacía especial ilusión tener porque a mí de peque me disfrazaban poco y es algo que, si a Pichí le gusta, me encantaría fomentar con ella. A parte me gusta  ofrecerle cositas nuevas, que no sea siempre lo mismo y pintarles la cara y que luego ellos se miren en el espejo y flipen en colores es una experiencia por la que aún no ha pasado.Las nuestras son las Playcolor de Dideco que es un producto testado dermatológicamente y no tiene parabenos.

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*Para desarrollar habilidades musicales, ritmo: tambor, xilófono, maracas, piano… En esta casa nos encanta la música así que no podían faltar. Hay a padres que este tipo de regalos les parecen una pesadilla, así que, como os decía preguntar primero. A mí me encanta ver explorar a Pichí, imitar ritmos con las maracas, probar el xilófono y el tambor con distintos objetos a ver cómo cambia el ruido… ¡me quedaría horas mirándola! Además, ahora venden unos packs de varios instrumentos muy apañados. A nosotros, por supuesto, nos cayó uno de Peppa Pig.

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Y hasta aquí el resumen de los regalos que triunfan en esta casa para Pichí. ¿Y vosotros, tenéis ya pensados los Reyes? ¿Se me ha olvidado algo que a vuestros hijos les encantase con dos años?

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CÓMO ORGANIZAMOS EL SEGUNDO CUMPLEAÑOS DE PICHÍ

Bueno, pues como anuncia el título éste ha sido el segundo año que celebramos el cumpleaños de Pichí. Partamos de que nosotros no somos expertos organizadores de eventos con mucha gente ni tampoco se nos da bien de manera innata como a otros (ays, me pido ese super poder para mi próxima vida). Lo bueno es que de un año para otro hemos corregido algunos errores del año pasado y hemos apuntado otros que esperemos no cometer al año que viene. ¡Os los cuento!

Como el año pasado le dimos a elegir a Pichí el tema de su cumpleaños. Este año tocó Peppa Pig, no me preguntéis por qué porque ni si quiera ve los dibujos pero la carita de Josefa la Cerda le hace mucha gracia. Hilando con ello busqué en google imágenes de invitaciones de Pepa y con un editor sencillito puse el mensaje de la invitación, la calle del local donde lo íbamos a celebrar y esas cosillas. Whatsapp enviado a familia y amigos y ale, ¡vivan las tecnologías!

En la línea busqué alguna cosilla de decoración de Peppa Pig. En estos casos suelo ir a la sección de fiesta del Alcampo o del Carrefour y ahí suele haber variedad. Este año elegimos un mantel y una piñata. Alma de Suegri me mandó una foto de una guirnalda muy chula también de la cerdita que imaginé que por internet sería fácil de encontrar. Lo malo es que en esta casa todavía se nos resiste eso de comprar virtualmente y mi gozo cayó en un pozo. Cual fue mi sorpresa cuando pisamos un Toys ´r us y descubrí que allí también tienen sección de fiesta… ¡yuju! Encontré allí la guirnalda y para casita que me la llevé.

Luego hicimos una excursión al chino en busca de globos, que no pueden faltar en una fiesta infantil. No hace falta ni que los peguéis a las paredes. Con inflarlos y dejarlos en el suelo es suficiente para que los enanos lo pasen pipa. Desde la experiencia os lo digo, ¡que fue lo que hicimos!. En el chino también compré algún juguetillo para echar en la piñata porque yo creo que nos empeñamos en que los niños coman chuches y luego al final sobran un montón. Nosotros a parte de las chuches,pusimos aspitos, barritas de chocolate y unas ranas saltarinas de juguete.

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Tarta, guirnalda y mantel de Peppa Pig

A la hora de cocinar no nos liamos demasiado. Alma de Suegri hizo 3 tortillas, que eso siempre triunfa y nosotros unos aperitivos de hojaldre, jamón y queso, y unas cookies de chocolate facilísimas de hacer y que quedan riquísimas. El año pasado hicimos la tarta y todo pero este año, como yo encima trabajaba el viernes por la tarde decidí hacer cosas que pudiese dejar hechas el jueves. La tarta la compramos en Mercadona que por 10 euros tienes una señora tarta muy rica y de los personajes que más gustan a los niños (parece que me han pagado pero no, ¿eh? Jejeje).

La conclusión es que al final la gente come bastante menos de lo que los organizadores sin experiencia pensábamos así que nos tiramos comiendo sobras una semana. Este año hicimos menos comida y sólo hemos comido de sobras 3 días, ¡punto a nuestro favor!

¡Ahhh y que no se os olvide el agua! Mira que nosotros no bebemos nada de alcohol ni de bebidas con gas porque me sientan fatal y va y se me olvida coger botellas de agua. En fin…

Pichí lo pasó en grande, no paró de correr, de jugar con sus amigos y sus primos, de explotar globos, de abrir regalos… Este año sopló las velas dos veces y con muchas ganas, sonriendo ante los aplausos de la gente y la canción de cumpleaños feliz.

Ays, mi pequeña… y que cumplas muchos más…

¿Qué tal se os da organizar cumpleaños infantiles? ¿Me dais consejos para el próximo?

LOS MARAVILLOSOS DOS AÑOS DE PICHÍ

Pues sí, tal día como hoy hace dos años a las 14:31 conocimos a Pichí en persona. Es increíble cómo nos hemos adaptado a ella y lo organizamos todo en torno a ella, disfrutándola, viéndola crecer, acompañándola en esta parte de su vida.

Me alucina verla jugar con otros niños, como busca a cualquier ”nene”, le dice “hola” y se pone a correr tras él, le pasa la pelota o le cambia un juguete. No es muy recelosa de sus cosas y suele prestarlas sin problema aunque, desde luego, que si le dan otro juguete a cambio entonces sí que no rechista. Le encanta el columpio y tirarse por los toboganes donde cada vez vemos que se las apaña mejor ella solita. Cuando surge algún conflicto es de las que prefiere ceder y no meterse en problemas, se distrae con otra cosa y es feliz.

Lo que más ha cambiado es el vocabulario que ha adquirido y la forma de expresarse. Ya combina dos palabras “hola, buelo”, “otra teta”  y dice algo más aparte de la última sílaba de la palabra (dice oso, león, bien, mono, bobús-autobús-, bobos-globos-). Y canta, madre mía lo que canta. Le da igual que sean en inglés o en castellano, se sabe desde la de Suéltalo de Frozen hasta “mi limón mi limonero”. Yo se la voy cantando y ella me acaba las frases; somos un dueto de lo más particular.

Sigue comiendo de todo aunque ahora se distrae más. Hemos pasado a cenar todos juntos en la mesa del comedor y se cansa rápido de comer, se baja, cotillea nuestros postres… Así que bueno, nuestra actitud es relajada, la dejamos que se baje, que juegue, que venga, que coma otro poco… ya habrá tiempo de que aguante sentada en la mesa sin moverse. Eso sí, la comida que más le gusta en el mundo son las patatas fritas. Alguna noche que salimos a cenar fuera termina cenando prácticamente solo eso y me siento algo culpable, para qué mentir. Pero es que disfruta taaaanto….

Poquito a poco, también va sacando su genio. No le gusta nada que le pruebe ropa y corre despavorida por la casa gritando “potooo” (que viene de que yo intentaba probarle ropa y ella me decía que no y yo decía frustrada ¿esta tampoco?). A veces no queda más remedio y al menos el momento de vestir no lo lleva demasiado mal. Tiene sus días pero en general le gusta escoger su ropa y está aprendiendo a quitarse corchetes y subirse pantalones. Toda una mayor.

Sigue siendo muy mimosa, nos da achuchones que son lo mejor del mundo seguidos de un “aaayyy” que te quitan todas las penas. No podría tener una hija mejor.

Este año hemos hecho muchas cosas: ha metido los pies en la playa, ha visto vacas en Asturias, hemos ido al zoo, cena en los restaurantes comida de mayores, ha empezado matronatación… qué ganitas tengo de ver qué nuevas sorpresas nos depara este año. ¿Nos acompañáis?

CÓMO QUITAR EL MIEDO AL TERMÓMETRO

Ahora que empieza el frío, el cambio al calor de la calefacción, los virus de los coles… nuestros peques se ponen malitos y nos encontramos, tras todo un verano sin incidentes que están pachuchos y que ponerles el termómetro se convierte en una odisea.

No sé si os ha pasado a vosotros con vuestros retoños, el caso es que el otro día un papá dejó un comentario desahogándose acerca de la reacción que le dio a su peque la vacuna del año (curiosamente es uno de mis entradas más leídas, Pichí no debió de ser la única a la que le cayó mal la vacuna) y me hizo recordar lo mal que lo pasaba Pichí con el tema termómetro.

El termómetro es un “objeto extraño” que los niños no ven nunca hasta que se ponen malitos, tienen mal cuerpo y están más mimosos de lo normal. Está frío, se lo metemos debajo de un brazo y encima les obligamos a permanecer quietos y con el brazo pegado, lo que faltaba. Los padres nos ponemos nerviosos y terminamos gritando o amenazando así que lo normal es que lo asocien con algo negativo y de ahí el cirio que nos montan las criaturas.

A día de hoy Pichí lo lleva bastante mejor. Ya no monta la rabieta tremenda de ponerse colorada y llorar casi hasta quedarse ronca con solo ver el termómetro, así que os cuento cómo lo hemos hecho y lo que nos ha servido.

* La primera vez que se puso mala y nos pilló de sorpresa debía tener 7 u 8 meses y lo que mejor nos sirvió fue distraerla. Entre su juguete preferido, los vídeos del móvil y sobre todo la teta conseguimos que, por lo menos, nos permitiese dejar el termómetro puesto un tiempo.

*Contar hasta diez. Los niños tienen una concepción del tiempo distinta a la nuestra, no entienden el concepto “30 segundos” o “un minuto” que es lo que dura el termómetro. Nosotros, con Pichí desde pequeñita siempre hemos contado hasta 10 por ejemplo para lavarse los dientes, para peinar… así sabemos que es una cantidad de tiempo que ella controla y muchas veces ya sólo con oír el tono del “uuunoooooo” ya se relaja y sabe que hay que llegar hasta el 10.

*Antes de ponérselo a ella le preguntamos si quiere ponérnoslo ella a nosotros. Hacemos toda la parafernalia de contar hasta diez tal y como se lo vamos a hacer a ella y le verbalizamos lo tranquilitos que estamos. Nosotros somos el referente para nuestros hijos y tenemos que darles el ejemplo. Si aún la vemos insegura se lo ponemos también a alguna muñeca.

*Algo que la mayoría no hace y que es vital para quitar el miedo a situaciones que no se dan a diario sino que tardan más tiempo en pasar es trabajarlas aunque no sean necesarias. Me explico: si nuestro niño tiene miedo al termómetro, aunque esté sano podemos jugar a ponérselo. Así no tenemos la preocupación y el estrés añadido de saber cuánta fiebre tiene el niño sino que podemos ponérselo con más calma, quitárselo un poco, volverlo a intentar…

*Incluirlo en la rutina de jugar. Para los niños todo es un juego y el hecho de repetir una conducta la convierte en predecible y saben lo que les puede pasar. Si jugamos todos los días a ponerles el termómetro a las muñecas el niño irá interiorizando la secuencia, lo que pasa primero y lo que pasa después, que no duele etc. Y lo podemos usar también de recordatorio cuando tengamos que afrontar la situación real, o sea, cuando nuestro peque esté malito.

*Ante todo paciencia. Comprender que es una situación en la que les bloqueamos y que no es cómoda para ellos es básico para no perder la tranquilidad y les podamos hablar siempre con voz suave.

Y por si nada de esto os funciona dicen que venden unos termómetros que se ponen en la frente en vez de la axila y en teoría son bastante rápidos. No puedo opinar porque nunca probé ninguno pero que sepáis que la opción está ahí.

Por desgracia, ponerles el termómetro es algo que hay que hacer y lo mejor es que aprendan cuanto antes que no pasa nada y que se relajen cuando toque hacerlo. De pequeña llego un punto en que yo creía que el termómetro curaba y en cuanto me sentía un poco mal pedía que me lo pusiesen para ponerme buena jeje.

Espero que os haya servido y contadme si ponéis en práctica algo de lo que os he contado. ¿Qué tal llevan vuestros peques que les pongáis el termómetro?

LA EVOLUCIÓN DE MIS DUCHAS DESDE QUE ME CONVERTÍ EN MAMÁ

Esta semana casi no llego con la entrada y es que disfrutamos del puente hasta el último día y justo, a última hora del martes Pichí se puso a vomitar como si no hubiese un mañana, suponemos que por el atracón de guarrerías que se pegó ese día que fuimos de excursión al zoo (a partir de ahora les tengo declarada la guerra a los gusanitos naranjas puaaajjj).

Como ya está mejorcilla, mientras duerme la siesta, me apaño para contaros algo que me resulta de mucha curiosidad cuando hablo con otras madres de cómo nos ha cambiado esto de tener hijos y es cómo se organizan para ducharse cuando hay un bebé en la casa.

En lo que todas coincidimos es en que el tiempo de la ducha se reduce hasta límites insospechados : ¿quién dijo que para lavarse el pelo se necesitasen como mínimo 5 minutos? Tú, que eres madre, habrás descubierto tu habilidad para sacarle brillo a la cabellera en 30 segundos, ¿me equivoco?. Total, que el momento relajante del día se convierte en general, en una carrera a contrarreloj que pasa a durar cinco minutos desde que se pone un pie en el baño hasta que se está fuera a medio vestir ya con el niño en brazos.

Qué estrés de vida, madre mía. Lo bueno, madres del mundo, es que los pequeños crecen y aquello que parece no tener fin cuando son bebés pasa rápido, muy rápido y, en este sentido es positivo porque antes de que os deis cuenta podréis hasta echaros suavizante una vez a la semana ( síiiiiiiii). Así que, que no cunda el pánico.

He hablado con mamás que se bañan con sus bebés, a Alma de Papi le encanta hacerlo pero yo reconozco que para mí, cuando tengo que irme a trabajar y voy con la hora pillada es más engorro que otra cosa así que prefiero apañarme solita y entretener a Pichí con cosas varias.

Aquí va, la evolución de mi ducha y del modo de entretener a Pichí.

*De 0 a 3 meses: Esperaba a que Alma de Papi estuviese en casa para ducharme. A veces puede ser un poco engorroso pero yo necesitaba ducharme tranquila, en el sentido de saber que alguien estaba pendiente de Pichí. Eran duchas ultra cortas y en cualquier hueco del día en el que veía mi oportunidad pero bueno, yo preferí hacerlo así.

*De 3 a 7 meses: Ponía a Pichí en la hamaca dentro del cuarto de baño y le daba algún juguetillo para que se entretuviese. Duchas en las que entraba en juego la cortina a medio cerrar, el ir asomándome cada dos por tres para entretener a Pichí y supervisarla…

*De 8 a 13 meses: Cuando Pichí empezó a levantar sus lindas piernecitas por encima del arnés de seguridad de la hamaca y bajarse de ella como una serpientilla monísima pero un poco kamikace, decidí ponerla en la trona. Sí, recorría el laaaargo pasillo de mi casa con el armatoste de trona que tenemos (de estas que se desmontan y se convierten en mesa y silla) y la metía en nuestro minibaño todavía no sé cómo. Bueno, sí, dejando la puerta abierta, la trona a medio meter… ¡¡Aysss qué frío he pasado en mis duchas desde que soy madre!! Además llevaba conmigo unos cuantos juguetes porque Pichí encontraba mucho entretenimiento en ir tirándolos desde lo alto.

*De 13 a 15 meses: Pichí empezó a andar sobre los 13-14 meses y claro, intentaba salirse de la trona, protestaba un montón, así que opté por dejarla en el suelo, con muuuchos juguetes e ir vigilándola cada dos por tres. Sin duda, la fase más estresante. Todavía andaba como un patito mareado, se apoyaba en el inodoro se caía… probar a ducharos teniendo que sacar la cabeza cada tres segundos: es poco productivo. E, insisto, se pasa frío.

*De 16 meses a la actualidad: (canto gregoriano de fondo aaaaaaah) Puedo decir casi casi que me ducho más tranquilamente. Le dejo a Pichí unos cuantos cuentos o ella se entretiene sacándome los botes del mueble bajo del baño, de vez en cuando ella se asoma para ver si sigo ahí para que hablemos sobre las partes del cuerpo, para beber agua del grifo… y yo cuando quiero saber cómo está no me tengo que asomar todo el rato sino que le pregunto: Pichí, ¿cómo estás? Y ella me dice en su dulce vocecilla: bieeeen… y yo a veces, hasta me animo a darme suavizante.

¿Ha cambiado mucho vuestro momento ducha desde que sois padres? ¿Cuáles han sido vuestras estrategias para ducharos con vuestros hijos?