LIBROS DE CRIANZA: CARLOS GONZÁLEZ Y ROSA JOVÉ

Para los que no lo sepáis, tengo que decir que soy una amante de la lectura. Leo desde que tengo memoria, me leía todos los libros habidos y por haber y, aunque ahora voy a rachas, es un lujo que intento darme en cuanto tengo un huequito.

Pienso que informarse y leer siempre puede resultar de ayuda cuando queremos saber algo sobre algún tema y en mi caso, los bebés y la crianza no iban a ser menos.

Os resumo dos autores muy conocidos que a mí me han venido genial para aclarar mis ideas y para tener argumentos y saber por qué hago lo que hago y educamos a Pichí como la educamos.

El primer autor es Carlos González, un pediatra sin pelos en la lengua por lo que he podido ver en alguna conferencia por Youtube y aunque tiene un estilo directo que puede no gustar a todo el mundo para mi gusto sus orientaciones son muy útiles. Tenía ganas de leer tres de sus libros:

  • Un regalo para toda la vida. En el que habla acerca de la lactancia, de la parte fisiológica del proceso, de la relación con el bebé, de cómo funciona lo de dar  “a demanda”. Lo leí cuando Pichí tenía dos meses o así que se quedaba dormida al pecho y no había manera de dejarla en la cuna sin que protestase, así que decidí “adaptarme o morir” (morir de desesperación jeje) y me di a la lectura. Me lo tendría que haber leído en el embarazo para haber ido con los deberes mejor hechos sobre todo de cara a dar explicaciones bien argumentadas a comentarios inoportunos y anticuados.
  • Mi niño no me come. Es ideal para leer antes de empezar la alimentación complementaria para saber lo que se nos viene encima. Me gusta porque, si no recuerdo mal no se mete en tema Baby Led Weaning o purés sino que habla más bien de la actitud que tenemos que tener (que ya sabéis que en esta casa es tan importante).
  • Bésame mucho. Este también me lo hubiese leído durante el embarazo porque son consejos que vienen muy bien desde el primer día relacionados con la crianza en general: el sueño, los brazos, la educación de los niños, el respeto, las rabietas, la lactancia de nuevo  etc. Viene muy bien para entender cómo funciona un bebé y un niño pequeño de hasta dos años y nos ayuda a los papás a ponernos en su piel y así entenderles mejor.

La otra autora a la que tenía ganas de leer es Rosa Jové. De momento sólo me he leído La crianza feliz. Ahora que Pichí ya no es un bebé y se está convirtiendo en una niña este tipo de libros viene bien para elegir cómo actuar ante problemas que nos van a ir surgiendo en la crianza de nuestros niños y los retos que nos van a ir poniendo. En este caso, el libro me parece menos concreto que los de Carlos González, si bien, es cierto que según los niños van creciendo hay que abarcar temas más abiertos y complejos. Trata temas muy interesantes como los castigos y los refuerzos, el control de esfínteres, los programas de “educar niños” de la tele, los celos etc. Además al final de cada capítulo incluye un apartado “para saber más” que siempre vienen fenomenal para ahondar en temas que nos interesen más.

En fin, ahora que con el veranito tenemos algo más de tiempo libre es un buen momento para animarse con este vicio confesable que es la lectura.

¿Conocíais estos libros y sus autores? ¿Encontráis útil leer sobre crianza?

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CUANDO EL CUERPO TE PIDE TENER UN HIJO

Últimamente recuerdo mucho una conversación que tuve con una mamá de un niño con el que trabajé que me contaba que cuando su hija tenía dos años el cuerpo le pedía tener otro. Una vez que se quedó embarazada de nuevo y tuvo a su hijo pequeño dice que, de pronto, esa necesidad vital que había sentido desapareció y cuando veía un bebé ya no moría de amor sino que le parecía muy mono pero poco más.

Yo no lo describiría mejor: necesidad vital. De un tiempo a esta parte (desde los 15 o 16 meses de Pichí) me descubro a mí misma planificando, dándole vueltas a la cabeza, leyendo e interesándome de nuevo por cosas de recién nacidos y perdiendo mis pensamientos cuando veo a mujeres embarazadas con otro niño de la mano.

Siento esos nervios por la aventura nueva que esperamos poder emprender y a la vez me aterran millones de miedos: si las cosas en el trabajo de Alma de Papi saldrán bien (estamos en un momento de decisiones importantes, de cuando crisis es sinónimo de oportunidad pero el cambio da vértigo y no depende al 100×100 de uno mismo), si me quedaré embarazada a la primera, si me cuadrará con el trabajo para cobrar la baja, si no se nos juntará con el inicio del cole de Pichí, si todo irá bien, si Pichí no abandonará la lactancia al disminuir la producción de leche durante el embarazo, si tendré un parto tan bueno como el de Pichí, si los familiares se lo tomarán bien, si podré hacerme cargo de los dos a la vez, si Pichí sufrirá mucho…

Muchas veces pienso lo fácil que sería todo si pudiésemos mirar por un agujerito aunque fuesen sólo dos segundos de aquí a diez años, por ejemplo. Me relajaría mucho verme establecida y contenta con Alma de Papi, con nuestros tres niños (que es mi gran sueño) y saber que las cosas nos han salido bien. Aunque reconozco que algo de encanto le quitaría al asunto pero es que la incertidumbre y yo no nos llevamos muy bien.

Sé que estoy al inicio del camino y poquito a poco iremos dando pasitos. De momento estoy en ese punto en el que los embarazos de los demás te ponen los dientes largos, en el que con los recién nacidos se te cae la baba como nunca y en el que vuelvo a llorar como una magdalena con vídeos relacionados con bebés, partos y la maravillosa aventura de ser padres.

Y es que es superior a mis fuerzas. No sé si es el reloj biológico, las hormonas, el ciclo de la vida o yo qué sé pero si pienso en que no pudiese ser, siento un vacío en el pecho que me aprisiona el corazón y me deja sin aire.

Definitivamente, estoy en ese punto en el que tengo la necesidad vital de tener otro hijo.

¿Y vosotras? ¿Habéis pasado por ese momento de sentir que tener un hijo es realmente necesario para vuestra vida?

SUDAMINA

Sudamina. En esas estamos desde hace un par de semanas.

Con las ganas que tenemos en invierno de que llegue el calorcito y es empezar a “apretar el Lorenzo” y con los niños cada día es una cosa nueva.

Ha sido empezar a hacer calor y a Pichí, con casi 20 meses le han aparecido en la zona del escote y del cuello unos granitos chiquitillos y muy rugosos (en la foto no se aprecian del todo bien pero es la mejor que conseguí sacar).sudamina.jpg

Imaginé que sería del sudor así que le apliqué un poco de crema hidratante antes de dormir y listo. Según han ido pasando los días parecía que se le iba quitando y por las mañanas se volvía a despertar con los granitos, se le ponían rojitos de rascarse, y aparecieron en zonas nuevas como la tripilla y alguno hasta más grande así que fuimos al médico por eso de tener la opinión de un experto.

La pediatra lo bautizó como SUDAMINA y, efectivamente, son granitos rojos con pequeñas ampollitas en el centro (aunque eso nosotros sólo lo observamos cuando estaba peor, al principio simplemente eran granitos que al tacto eran muy rugosos) que salen muy frecuentemente en niños menores de tres años (incluso hay adultos a los que también les pasa) a causa del calor, el sudor y la acumulación en los poros de las sales y los ácidos que hay que eliminar por el sudor.

Las recomendaciones son sencillas:

  • Mantener al niño lo más fresquito posible (en julio en Madrid complicadete, pero hacemos lo que podemos).
  • Que la ropita sea de algodón para que transpire bien.
  • Dar el baño con agua templada (no hirviendo, padres del mundo, que vuestros hijos no son centollos y os agradecerán que no les confundais con marisco jeje).
  • Se le puede aplicar agua fresquita o una toalla mojada para refrescar la piel.

Nos aconsejó que no le echásemos ninguna cremita específica a no ser que se le llenase todo el cuerpo con los granitos, lo cual está muy en mi línea de “si se le va a pasar solo no me des potingues para que me quede tranquila”. Así que bien. Ha estado una semanita con más granitos y ahora tiene bastantes menos sin echarle nada más que su crema hidratante después del baño, como siempre.

A veces parece que le pican más y otras menos, aunque en general no se rasca. La tenemos todo el día en pañal por la casa y procuramos que las horas de más calor no nos pillen en la calle (ya os conté que al parque vamos a primera hora). Poco más podemos hacer. Lo que os decía, que con niños, cada día tenemos una nueva!!

¿Qué tal llevan el calor vuestros peques? ¿Alguno ha sufrido problemas en la piel?

LO QUE CAMBIA UN PARQUE

Desde que se me acabó el contrato en el cole he podido dedicarme más exhaustivamente a investigar “el parque de entresemana”. Durante el invierno yo llevaba a Pichí a varios parques por las tardes sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar, lo mismo que nos pasa los fines de semana (aunque ahí procuramos hacer planes diferentes). El caso es que yo notaba que nos faltaba continuidad y dependía mucho cómo pasásemos la tarde de los niños que hubiese en el parque.

Si algo bueno tiene el paro es que podemos pasar más tiempo con nuestros hijos y ahora que hace buen tiempo y que no tenemos prisa ni horarios hemos encontrado nuestro parque ideal. De lunes a viernes, entre las 10:30 y las 12:30 allí nos encontraréis. Primero llega M. porque tiene alergia al sol y una abuela terremoto que la levanta a las 8:30 para aprovechar el día. Luego llega la mamá de M. e I. que siempre anima el cotarro porque I. es mayor y trae juegos de mayores para compartir con los peques. A. también suele llegar tempranito, con su cuidadora porque sus papás que van a trabajar y la dejan despierta pronto. A las 11:30 o así llegamos Pichí y yo y V., el príncipe del parque, que ahora viene con su abuelo porque su mamá ha encontrado trabajo este mes en un campamento. Y las 12 llega A., el peque del grupo con 11 meses. Y allí pasamos la mañana. Mientras charlamos de lo que sea, estamos pendientes de los niños, jugamos al corro de la patata, van picoteando todos del tentempié de todos y los niños hacen sus cosas de niños.

Y oye, que se me pasa volando la mañana. Y mira que somos todos diferentes, hay bimadres, trimadres, cuidadoras, abuelos, abuelas… y los niños también son distintos, los hay de 11 meses, año y medio, 3 años, 7, a veces vienen niños nuevos… pero en lo que coincidimos los adultos es en nuestra ACTITUD. Todos respetamos a los niños, les ayudamos, les animamos a compartir y a jugar juntos y, desde luego, estamos pendientes de nuestros niños.

He ido a ese mismo parque, con sus mismos columpios, con su misma valla de colores, con sus mismos árboles y me he tenido que volver agotada y de mal humor porque la actitud de los adultos no casaba nada con la mía. He sufrido por ver a chavales de 10 años correr como ñus en estampida entre niños que solo gatean. Me he agobiado por ver que niñas de 5 años juegan con Pichí como si fuese un bebé a cogerla, a montarla en columpios altos sin mi permiso, a llevársela fuera del parque. Me he cabreado con niños que ven que Pichí corre tras ellos porque tienen una pelota y no dejarla jugar, ponerle la pelota en la cara varias veces para luego quitársela o incluso darle un tortazo en la espalda por las buenas sin venir a cuento.

Todos estos niños tenían algo en común: sus padres no estaban pendientes. Es más, ni si quiera estaban dentro del recinto del parque. Nunca oí a ningún padre ni madre decirle a ese niño: anda, cariño juega con la nena que quiere jugar contigo a la pelota o a un cuidador decirle a esa niña: deja andar a la nena solita que os podéis caer y ella es muy pequeña. No. Es más, nunca llegué a ponerles cara porque nunca aparecieron. Y yo dejo espacio a mi hija y no voy detrás como mamá pato, pero entiendo que cuando se trata de su seguridad o la de otros niños y las normas de convivencia mi obligación es mediar.

En fin, lo que decía en el título, lo que cambia un parque dependiendo de la gente que esté dentro.

¿Y vosotros? ¿Qué tal vuestra experiencia en los parques?